La inteligencia artificial (IA) y los modelos de lenguaje grande (LLMs) son tecnologías emergentes que tienen el potencial de revolucionar la educación. La IA se puede utilizar para personalizar el aprendizaje, proporcionar retroalimentación y automatizar tareas. Los LLMs se pueden utilizar para generar texto, traducir idiomas y responder preguntas.
Aquí hay algunas formas en que la IA y los LLMs pueden ayudar a los formadores:
- Personalizar el aprendizaje: La IA se puede utilizar para rastrear el progreso de los estudiantes e identificar áreas donde necesitan apoyo adicional. Esta información luego se puede utilizar para crear planes de aprendizaje personalizados para cada estudiante. Por ejemplo, un sistema de IA podría utilizarse para identificar a los estudiantes que tienen dificultades con un concepto en particular y proporcionarles problemas de práctica o recursos adicionales.
- Proporcionar retroalimentación: La IA se puede utilizar para proporcionar retroalimentación sobre el trabajo de los estudiantes. Esta retroalimentación puede ser más oportuna y detallada que la retroalimentación proporcionada por un instructor humano. Por ejemplo, un sistema de IA podría utilizarse para proporcionar retroalimentación sobre el ensayo de un estudiante, identificando áreas donde el estudiante podría mejorar su escritura.
- Automatizar tareas: La IA se puede utilizar para automatizar tareas como calificar exámenes y crear planes de lecciones. Esto puede liberar a los docentes para que pasen más tiempo en tareas que requieren juicio humano y creatividad. Por ejemplo, un sistema de IA podría utilizarse para calificar exámenes de opción múltiple, liberando al docente para que pase más tiempo brindando retroalimentación sobre ensayos y proyectos.
Sin embargo, también existen algunos problemas potenciales con el uso de la IA y los LLMs en la educación. Estas incluyen:
- Sesgo: Los sistemas de IA pueden ser sesgados, lo que puede conducir a un trato injusto de los estudiantes. Por ejemplo, un sistema de IA que se utiliza para predecir el éxito de los estudiantes puede estar sesgado contra los estudiantes de ciertos orígenes. Es importante diseñar cuidadosamente los sistemas de IA para evitar el sesgo y monitorearlos para detectar el sesgo una vez que estén en uso.
- Preocupaciones de privacidad: Los sistemas de IA recopilan una gran cantidad de datos sobre los estudiantes. Estos datos podrían utilizarse de formas que violen la privacidad de los estudiantes. Es importante tomar medidas para proteger la privacidad de los estudiantes cuando se utilizan sistemas de IA en la educación.
- Desplazamiento laboral: Los sistemas de IA podrían reemplazar potencialmente a algunos instructores. Esto podría provocar pérdidas de puestos de trabajo y trastornos económicos. Es importante considerar cuidadosamente el impacto potencial de la IA en la profesión docente a medida que estas tecnologías se desarrollen.
En general, la IA y los LLMs tienen el potencial de ser herramientas poderosas para los docentes. Sin embargo, es importante ser conscientes de los problemas potenciales con estas tecnologías y tomar medidas para mitigarlos.
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Esta colección de obviedades, lugares comunes (a estas alturas) y frases huecas que suenan más o menos bien no la he escrito yo.
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Afortunadamente.
Miguel Ujeda nos sugirió muy acertadamente ayer a todo el equipo de coordinación que publicáramos unas líneas para “abrir melones”, como nos gusta decir en el Comando GEG, y motivar así el debate y la participación en este estupendo nuevo espacio que tenemos a nuestra —y sobretodo vuestra— disposición.
Así que mientras me tomaba esta mañana de domingo el café con leche, con mi ojo izquierdo aún medio cerrado y mi pierna derecha cómodamente apoyada sobre el subwoofer que tengo debajo del escritorio para que mis listas de Tidal suenen como deben, le he pedido a Duet AI (gracias BalBino Fernández Revuelta ?) que me ayudara a escribir sobre “IA & educación”. Porque eso de darle mucho al coco cuando aún vas en pijama no debe ser muy saludable.

Andaba medio dormido aún, así que olvidé hacer una captura del prompt, pero creedme cuando os digo que no tenía más de 3 o 4 líneas y tan solo tuve que iterar un par de veces sobre él para que Duet AI vomitara finalmente la parrafada anterior. Y por cierto, se diría que en nuestro rico idioma castellano no contamos con ningún término para usar en lugar del anglicismo prompt, será que comando no resulta lo suficientemente descriptivo.
Y como a Duet AI, que dicho sea de paso por el momento me parece bastante limitado como asistente de Google Workspace (si hablamos de hacer cositas dentro de la consola de Google Cloud el muchache, como diría mi querido Raúl Martínez, se revela más capaz), no parece que le guste hacer de traductor, se lo he pedido educadamente a Bard, que por ahora se muestra más eficaz y resolutivo.

Tras husmear lo justo y necesario en la traducción de Bard, me he visto en la obligación de sustituir un solo término y eliminar una solitaria tilde que la RAE ya estima obsoleta.
El proceso completo me ha llevado menos de cinco minutos, lo que he tardado en sorber la mitad de mi café con leche y acabar de abrir mi ojo izquierdo (la pierna derecha no la he llegado a mover). Supongo que mis neuronas, a esa hora de la mañana aún ajenas en gran medida a la trascendente misión que Miguel nos había encomendado, habrán podido permanecer en modo de bajo consumo un rato más, que los domingos son perezosos por naturaleza y durante la semana ya llevan mucho tute.
Todo un triunfo de la tecnología moderna para un somnoliento ser humano en pijama en una mañana de domingo otoñal, ¿verdad?
Pues a mí no me lo parece. O al menos, no del todo.
Me pregunto si este es el futuro de la educación que todos perseguimos. Un futuro al que estamos siendo empujados por el dios de la eficiencia y la productividad, que al parecer pretende convertirnos a todos en tornillería dentro de una cadena de producción totalmente automatizada. Justo lo que no debería ser la Educación, con mayúsculas, en mi opinión.
Un futuro en el que gracias a herramientas que ya existen y están al alcance de todos, como esta creada con Coda, por ejemplo, podemos parametrizar fácilmente la retroacción que le ofrecemos a nuestro alumnado y generar informes detallados (hasta donde permita dicha parametrización, claro) que sin embargo carecen totalmente de alma per se.
Admito que copiar y pegar un conjunto de frases hechas en un informe de evaluación casi sin ton ni son, práctica desgraciadamente demasiado habitual hoy en día, no es algo muy distinto a usar una de esas complacientes y parlanchinas cotorras estocásticas propulsada por IA para generar un feedback personalizado. Pero a las evaluaciones de copiapega se les ve el plumero fácilmente. A las generadas mediante una IA, cada vez menos.
Y esto tiene sus implicaciones.
Aún a riesgo de parecer un maldito neoludita (quién lo hubiera dicho), hay cosas en toda esta vorágine de asistentes que aparentan inteligencia que ponen mi sentido arácnido en alerta, que me hacen desconfiar profundamente del rumbo que estamos tomando.
Y no hablo solamente de educación, sino también de arte, cultura… incluso del modo en que nos relacionamos como seres sociales.
Cuando para enviar mensajes de ánimo, de felicitación o incluso de condolencia, para iniciar o finalizar una relación o presentar nuestra renuncia a un puesto de trabajo no tengamos tiempo de pararnos a pensar en qué queremos decir realmente, ni la valentía de expresarlo con nuestras propias palabras, y recurramos en su lugar a un servicial asistente como Bard, ChatGPT o Claude para impostar reacciones y sentimientos, tal vez hayamos perdido irremediablemente parte de nuestra humanidad.
Mientras tanto, habremos hecho a otros mucho más ricos y poderosos.
¿Cómo lo veis?








