Hace ya unas semanas tuve el gozo y el privilegio de participar en el eventazo Hackea la Educación con IA, organizado por mis compinches de GEG Spain y Ecca Edu, en Las Palmas de Gran Canaria (ni tan mal).
El evento nos sirvió a todes, o casi todes, para coger impulso y energía, pero también, como era el objetivo, para reflexionar un poco sobre esto de la IA en educación. Reflexión que, por cierto, debe ir más allá de eso tan manido de ¨riesgos y oportunidades¨. Tengo que decir que la ponencia de Carlos Magro me ayudó a pensar y esto que vas a leer es un poco por su culpa.
Así que, si nos estás de acuerdo con algo de este post, le reclamas a Carlos, que es un cielo y seguro que te atiende de maravilla*.
Pues eso, que parece que los docentes estamos entre la espad(i)a y la pared. Si te parece, Mari Carmen, me explico, o lo intento.
Un filo de la espada es toda la presión que nos auto imponemos los docentes interesados en la IA, los que la vemos como una herramienta excelente no sólo para ahorrar tiempo (si alguien ahorra tiempo, parfavar, que me explique cómo logra no liarse en mil historias) a la hora de generar materiales de aprendizaje sino también para potenciar el aprendizaje del alumnado.
También hay presión en redes sociales, faltaría más, donde expertos, gurús y jetas de diversa índole nos muestran lo bien, lo rápido y lo escoscao que les sale todo. ¡Y con un sólo prompt! Luego te pones tu y te salen catalinas por doquier…
Y el otro filo de la espada es la soledad. Me refiero a que nos dicen y nos decimos que la responsabilidad de enseñar al alumnado a usar la IA con criterio (pensamiento crítico al canto) es de los docentes, y asumimos esa carga con una naturalidad impropia. Pensemos un poco por una vez. ¿Cómo es posible que no existan marcos de trabajo, guías de uso, decálogos, etc. realizados por las consejerías de educación, para controlar y guiar todo esto? ¿Cómo podemos asumir que tenemos una responsabilidad individual en algo tan complejo e importante? En pocos centros educativos se está hablando de todo esto de manera seria. Algunos docentes hacen cosas y otros no, y chimpún. Unos prohiben el uso de la IA y otros miran a otro lado. Pocos la usan en clase con un criterio definido. Los estudiantes pueden “disfrutar”de varias estrategias diferentes en la misma mañana. ¡Oh yeah!
Mientras, las diferentes instituciones educativas se ponen de lado y contemplan impertérritos el panorama, quizás esperando a que pase la tormenta… De otras similares han salido sin gran esfuerzo y sin tomar posición.
¿Y si un docente asume esa responsabilidad y comienza a poner la IA en manos de su alumnado, con el fin de enseñarle a majenarla y recibe una denuncia por parte de una familia? ¿Se pondrá la dirección de su centro o la Consejería de turno a su lado? ¿Le respaldará por estar haciendo un trabajo relevante y necesario? No lo sé, Rick…
Aquí un incisillo, a lo Maltorres: el debate sobre IA sí o IA no no existe en infantil y primeros años de primaria (no), es sencillo de resolver, creo, en los últimos años de primaria y primeros de secundaria (alfabetización básica), tiene poco de profundo en los últimos años de secundaria y bachillerato (los estudiantes deben manejar IA como usuarios autónomos) y ningún sentido en FP y Universidad (si no manejan IA, lo hemos hecho mal).
Y la pared.
¡Ay, la pared! Dura y firme como pocas. Esa pared la forman los docentes negacionistas tecnológicos, que opinan que en la educación la tecnología no debe tener espacio, los que sí usan tecnología, incluso IA, pero prohíben su uso al alumnado. Los neoluditas que niegan la mayor y aprovechan que el Pisuerg(i)a pasa por Valladolid y vuelven al libro de texto (realmente nunca lo dejaron), al examen escrito, a la explicación interminable, al vómito de contenidos. Se ven empoderados en su docencia medieval por la presencia de la IA: para que no usen inteligencia artificial, papel y boli.

/Y en la pared también encontramos todo ese movimiento anti pantallas, que se niega a entender que no es igual crear un texto descriptivo en un documento digital que echar un LOL o mirar el Tiktok, que presionan para sacar la tecnología de las aulas (toda mala, caca) pero trabajan poco para que la tecnología se use bien en los hogares, que ven como un logro la prohibición del uso de teléfonos móviles en los centros educativos. ¡Ains!
Por cierto que aquí estas gentes reciben el soporte de algunas Consejerías de Educación que publican normativas que nos lleven “de vuelta al libro de texto”. Órdenes sin fundamento alguno y con un objetivo difícil de ver como positivo. Si no me crees, Mari Carmen, echa un vistazo a la que se ha publicado en mi tierra este pasado mes de marzo. Igual un día de estos escribo al respecto.
¿Y qué hay entre la espada y la pared? Un montón de docentes, Mari Carmen, un montón de docentes.
Compañeras y compañeros que no disponen de guías ni pautas ni marcos, que quizás tampoco han podido acceder a formación de calidad sobre IA, que perciben potencial, pero también riesgos, que no andan muy seguros de casi nada. Y estas personas están rodeadas de otras que le dicen que sí, y otras que le dicen que no. Dale que es fantástico y no pasa nada; ni se te ocurra, moriremos todos. Ayer hice una app en diez minutos y mis estudiantes ya saben kung-fú; nos estamos cargando el planeta a base de prompts.
Y aquí pueden pasar dos cosas, ambas malas. Profes que se inmolan en la espada, que avanzan sin miedo hacia ella y se auto impala, sonrisa en la boca, abrazando una visión reduccionista de la IA y su impacto. Y los que se estampan contra la pared, con energía y sin agachar la cabeza ni un ápice. Gente que decide que la solución a los problemas actuales está en la educación de los 70 y 80. Explico, ejercicios del libro, examen. Repetimos. Esto te lo explica Carlos Magro mucho mejor que yo, claro.
¿Y qué debería pasar? Buena pregunta, Mari Carmen. Básicamente, que los docentes tengamos la información y la formación necesarias para entender bien de qué se trata la vaina, que dispongamos de marcos de trabajo serios y entendibles (no guías de 300 páginas en español de Góngora) que guíen nuestras acciones, que disfrutemos de espacios de debate y para compartir ideas y experiencias. Que nos permitan decidir si queremos estar más cerca de la espada o de la pared, pero nunca empalados o estampados.
Pero esto, me temo, no va a pasar. ¡Ánimo a todes!
* Es broma,eh?




